miércoles, 11 de abril de 2012

La llamada de Fidel a Chávez el 12 de abril de 2002


Fidel Castro y Hugo Chávez FríasEn ocasión de conmemorarse el décimo aniversario de la ejemplarizante victoria popular sobre el golpe fascista en Venezuela, publicamos el epílogo del libro Abril sin censura, escrito por Germán Sánchez Otero, entonces embajador de Cuba en el hermano país. La obra, impresa por Ediciones Correo del Orinoco, se presentará este 12 de abril en Caracas, como parte de la recordación de la gesta popular bolivariana.

Abril 12, madrugada: la llamada de Fidel

A las 12:38 a.m., un Edecán le dice “Presidente, tiene una llamada del Comandante Fidel Castro”. Chávez coge el teléfono de inmediato, algo ansioso. Desde temprano en la tarde del 11 de abril Fidel había estado tratando de comunicarse con él. Fidel enseguida se interesa por conocer la situación en ese minuto y Chávez le responde.
-Aquí estamos en el Palacio atrincherados -comienza diciéndole-. Hemos perdido la fuerza militar que podía decidir. Nos quitaron la señal de televisión. Estoy sin fuerza que mover y analizando la situación.
-¿Qué fuerzas tienes ahí? -le pregunta Fidel rápido.
-De 200 a 300 hombres muy agotados.
-¿Tanques tienes?
-No, había tanques y los retiraron a sus cuarteles.
-¿Con qué otras fuerzas cuentas? -inquiere Fidel.
-Hay otras que están lejanas, pero no tengo comunicación con ellas -responde Chávez, en alusión al general Baduel y los paracaidistas, la división blindada de Maracaibo y las demás fuerzas leales.
Fidel hace una breve pausa y con mucha delicadeza le dice: “¿Me permites expresar una opinión?” Y Chávez le responde de inmediato: “Sí”.
-Pon las condiciones de un trato honorable y digno, y preserva las vidas de los hombres que tienes, que son los hombres más leales. No los sacrifiques, ni te sacrifiques tú -le dice Fidel con el acento más persuasivo posible.
-¡Están dispuestos a morir todos aquí! -responde Chávez con énfasis y emoción.
-Yo lo sé, pero creo que puedo pensar con más serenidad que lo que puedes tú en este momento -le añade Fidel sin perder un segundo, mientras Chávez lo escucha concentrado en cada palabra-. No renuncies, exige condiciones honorables y garantizadas para que no seas víctima de una felonía, porque pienso que debes preservarte. Además, tienes un deber con tus compañeros. ¡No te inmoles!
Cuando Fidel le dijo estas últimas palabras, tenía muy presente la profunda diferencia entre la situación de Allende el 11 de septiembre de 1973 y la de Chávez en ese instante. El presidente chileno no disponía de un solo soldado. Chávez contaba con una gran parte de los soldados y oficiales del ejército, especialmente los más jóvenes. Con esa idea crucial en su mente, Fidel le reitera al líder bolivariano:
-¡No dimitas! ¡No renuncies!
Por Germán Sánchez Otero
“Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡yo no sé!”, expresó en verso el insigne peruano César Vallejo, refiriéndose al inefable destello espiritual que puede suscitar en un ser humano determinada adversidad de su vida.
El pueblo de Bolívar sí supo transformar el fuerte golpe del 11 de Abril en certeza y laurel. Fue el actor principal que impidió el rebrote del proyecto fascista en América Latina y el Caribe -al comenzar el presente siglo-, y evitó que sucumbiera la Revolución Bolivariana, apenas en su tercer año de existencia. ¿Cómo fue posible?
El libro Abril sin censura no pretende agregar nuevas ideas a las correctas interpretaciones que han formulado analistas y dirigentes venezolanos y de otros países sobre el golpe de Abril y la victoria del pueblo bolivariano; en primer lugar, las que ha realizado el Presidente Hugo Chávez, artífice de la estrategia revolucionaria que dio al traste con el zarpazo fascista en menos de 48 horas. La narración de los hechos es la manera que escogió el autor para revelar las verdades y lecciones de esa página luminosa de la historia contemporánea de Nuestra América.
El lector, antes de abrir este libro, tal vez tenía una opinión formada, que pudo confirmar o enriquecer. Quizás, sin embargo, sus criterios pudieron haber variado en uno u otro aspecto, o hasta en su visión conclusiva. Reine el albedrío. Por mi parte deseo solicitar licencia para exponer algunas ideas. Y lo hago con la prudencia de quien ha necesitado consultar un mar de glosas, testimonios, crónicas, entrevistas, materiales fílmicos y otras fuentes, y recordar infinidad de diálogos con amigas y amigos -venezolanos y cubanos- que vivimos en disímiles escenarios aquellos aleccionadores días.
1. El golpe fue preparado y organizado durante al menos nueve meses. Cuando el bloque de fuerzas opositoras y sus mentores de Estados Unidos, llegaron a la conclusión de que Chávez no retrocedería en la ejecución del proyecto bolivariano, decidieron optar por la vía violenta e instaurar un poder que extirpara de raíz a la Revolución, comenzando por la anulación de los poderes constitucionales y la instauración de un gobierno de facto, que devino corporativo-militarista y de sesgo fascista.
2. Después del 11 de septiembre del 2001, Estados Unidos no disimuló su rechazo al gobierno de Chávez y las intenciones de socavarlo. Los reiterados alegatos de voceros del gobierno de Bush evidenciaron el aval y el estímulo que Estados Unidos les daba a los golpistas venezolanos, a fin de acelerar la caída de Chávez y la interrupción del proceso revolucionario en Venezuela. De manera creciente, el gobierno bolivariano venía convirtiéndose en un obstáculo para la política exterior de Bush, en especial hacia el hemisferio y el control del precio mundial del petróleo y de los hidrocarburos venezolanos, que suman la más importante reserva del planeta.
3. La estrategia del golpe y la secuencia de hechos prevista, fueron diseñadas por los autores como piezas de un reloj suizo. ¿Acaso podían haber hecho esos planes los conspiradores venezolanos, sin los expertos yanquis? Es difícil creerlo. En lo que sí pareciera que hubo una relativa mayor autonomía de la parte sediciosa venezolana, fue en la ejecución del golpe.
4. Me sumo al criterio expuesto por Rodolfo Sanz en su libro Dialéctica de una victoria, en el que apunta la existencia de un diseño teórico del golpe. Había que provocar una masacre, con el propósito de responsabilizar al Presidente y que las Fuerzas Armadas pudieran invocar el Artículo 350 de la Constitución, deteniéndolo para ser juzgado por crímenes de lesa humanidad; para ello era necesario lograr que la orden causante de los muertos fuese impartida por Chávez y que la autoría material recayera en las Fuerzas Armadas; por consiguiente, la marcha opositora debía llegar a Miraflores, y así obligar a los militares de Palacio a contenerla con sus armas.
5. ¿Cómo ocurrieron los hechos? Recordemos.
  • Chávez jamás dio la orden de disparar a los opositores; al contrario.
  • Los muertos y heridos fueron provocados por francotiradores al servicio del plan golpista, y las víctimas resultaron ser de ambos bandos.
  • Una reducida porción de la marcha opositora logró acercarse al Palacio por el flanco oeste, y fue repelida por la Guardia Nacional con gases lacrimógenos, sin víctimas; la parte destinada a avanzar sobre el Palacio por la vía Baralt-Puente Llaguno-Urdaneta, abriéndole camino la Policía Metropolitana, no pudo lograr su objetivo debido a la movilización del pueblo bolivariano y en particular a la resistencia de un pequeño grupo de osados, que con armas cortas enfrentaron desde Puente Llaguno a la policía y a algunos francotiradores. O sea, la marcha nunca llegó a Miraflores, gracias a la heroica resistencia del pueblo movilizado en las inmediaciones del Palacio y de modo especial en Puente Llaguno.
  • Al no ocurrir lo previsto, Venevisión hace un montaje televisivo y responsabiliza a los Círculos Bolivarianos con las muertes, diciendo que habían actuado por órdenes del Presidente. De inmediato, se aplica la conocida técnica goebbeliana de convertir la mentira reiterada en verdad. El video trucado se transmite una y otra vez en todos los canales privados, utilizándose para incriminar a Chávez, confundir a la opinión pública nacional e internacional, inmovilizar a las fuerzas populares y lograr el apoyo de los mandos militares, a fin de sumarlos al golpe. En la noche del 11 de abril y durante la mañana del siguiente día, estos objetivos los lograron en parte. Más aún, por la confusión que causó en los sectores chavistas la alocución que leyó el general Lucas Rincón, jefe del Alto Mando, afirmando que el Presidente había renunciado.
  • Cuando los golpistas rechazan las condiciones que puso Chávez para renunciar -en rigor, incumplibles por ellos, y Chávez lo sabía- y deciden entonces presionarlo, amenazando con bombardear Palacio, la valiente decisión de Chávez de no dimitir e ir preso para Fuerte Tiuna, resultó ser la clave del rápido fracaso del golpe. A partir de ese momento, los jefes principales de este -civiles y militares- se enredan y en cuestión de horas durante el día 12 de abril pierden el control del escenario de manera vertiginosa y en la tarde del 13 ya están derrotados de hecho.
  • Fue muy importante que apenas ocho horas después de ser apresado y aislado en Fuerte Tiuna, el pueblo venezolano y el resto del mundo supieran que Chávez no había renunciado. Primero a través del verbo y con la fuerza sentimental de su hija María Gabriela -idea de Chávez, que Fidel viabilizó en un santiamén desde Cuba-. Y poco después por medio de la valiente denuncia que realizara el Fiscal General Isaías Rodríguez. A partir de ahí, todo cambió. Incluso esto fue lo que impidió, con la movilización popular, que pudieran asesinarlo, como se había decidido por el núcleo duro golpista.
  • Otra vez el despliegue popular, a partir del 12 en la tarde, hasta la irrupción masiva del 13 de abril, resultó determinante en el desenlace. Al igual que en las movilizaciones del 11, los Círculos Bolivarianos desempeñan un papel medular, y aunque no tienen instancias verticales de dirección devienen pequeños motores que aglutinan y conducen a numerosos colectivos de las barriadas populares y centros de trabajo.
  • La postura contra el golpe de varios generales y el rechazo casi unánime de los oficiales medios y toda la tropa, en especial en Maracay, Fuerte Tiuna y la Guardia de Honor de Miraflores, en actuación conjunta con el pueblo no uniformado, provocó en tiempo récord la victoria bolivariana.
6. Sin duda, la bufonada que empleó pedro Carmona para autoproclamarse, y la decisión de volar en pedazos la Constitución Bolivariana, lo incineró aún más. No obstante, aunque los golpistas hubiesen preservado ciertas normas constitucionales, por ejemplo mantener activa la Asamblea Nacional -como trataron de hacer cuando se vieron perdidos, bajo la asesoría de la Embajada yanqui-, de cualquier manera el curso de los acontecimientos habría sido muy parecido.
El golpe no tenía posibilidad de consolidarse debido a los siguientes hechos: Chávez no había renunciado; estaba preso y su vida corría peligro; él no tenía responsabilidad en las muertes, al contrario; la justificación del zarpazo estaba montada en mentiras y trucos mediáticos; los avances de la Revolución Bolivariana -incluido el desarrollo de la conciencia, la organización y el brío populares- y las esperanzas que ella despertó, así como el liderazgo simultáneo de Chávez en la mayoría del pueblo y en las fuerzas armadas. Por todo ello, desde que nació, las horas del golpe estaban contadas, aunque sus autores se hubieran vestido de terciopelo.
7. ¿Quiénes formaron el bloque golpista? ¿Qué papeles cumplieron en cada etapa? ¿Cuáles fueron los conflictos de intereses entre ellos? En su excelente libro El golpe de Estado del 11 de Abril, el siempre recordado dirigente bolivariano Guillermo García Ponce hace una certera caracterización:
Los grupos más extremistas, mitad fascistas y mitad irracionales, asumieron la dirección del golpe de Estado contra Chávez. Antiguas figuras de la política tradicional fueron desplazados y sus puestos ocupados por patoteros del Este de Caracas o aberrantes ejecutores de la visión apartheid de la política venezolana. Pasaron a primer plano: el contralmirante neoprusiano Carlos Molina Tamayo; el jefe patronal Carmona Estanga; el secretario privado del expresidente Carlos Andrés Pérez; el paramilitar Isaac Pérez Recao y altos ejecutivos de bancos y empresas extranjeras. En segunda fila quedaron, bajo la influencia de los laboratorios de rumores y de las manipulaciones de El Nacional y Globovisión, los oficinistas de PDVSA, las acicaladas periodistas, los desorientados burócratas de la Alcaldía Metropolitana, los niños bien de la pequeña burguesía caraqueña, unos cuantos renegados de vieja data conocidos por sus correrías oportunistas y tres docenas de generales sin tropa.
A esa lista habría que agregar la alta jerarquía de la Iglesia Católica venezolana, la mafia sindical de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) y los dueños de los principales medios de comunicación privados. Los jerarcas de la iglesia se mantuvieron en la primera línea de mando hasta el último momento, mientras que la CTV, encabezada por Carlos Ortega, al ser desplazada decidió aparentar su no compromiso con el gobierno de facto, a fin de lograr cargos y prebendas.
Por su parte, algunos dueños de medios de comunicación, y al parecer también el gobierno de Estados Unidos, al igual que un grupo de políticos opositores, se percatan en el transcurso del día 12 del pantano en que había caído el golpe al negarse Chávez a renunciar y estar preso e incomunicado. Se horrorizan al ver que el pueblo se lanzó a rescatarlo y a protestar en las calles, a la vez que se producía una firme reacción militar de rechazo a la asonada en Maracay y Fuerte Tiuna, ambos sitios rodeados de gente que exigían la restitución de Chávez. Por eso, a partir de la mañana del 13 de abril, tratan de convencer a Carmona y al núcleo directivo de los golpistas que reactiven la Asamblea Nacional y los demás poderes, salvo la Presidencia, para enderezar el entuerto, ¡sin Chávez!
Lo primordial es que todos los integrantes de la oposición participaron en la ejecución del golpe, y tenían consenso respecto a dos objetivos centrales: anular la Constitución Bolivariana y sacar por la fuerza al presidente Chávez. Cada quien hizo su parte, pero es importante reiterar que todos estaban comprometidos: los militares sediciosos; FEDECÁMARAS -a nombre de la oligarquía-; la CTV; los partidos Acción Democrática, COPEI, Proyecto Venezuela, Bandera Roja, Movimiento al Socialismo, Causa R, Primero Justicia y otros; los dueños de los medios de comunicación privados y sus principales directivos y voceros; la jerarquía de la Iglesia Católica; el expresidente Carlos Andrés Pérez; el traficante de armas y mafioso Isaac Pérez Recao; varios gobernadores, alcaldes, diputados, jueces, fiscales y muchos funcionarios públicos de la IV República; la nómina mayor de PDVSA y miles de tecnócratas de esa empresa estatal; los dirigentes de fundaciones y otras instituciones de la mal llamada “sociedad civil”; renegados de la izquierda, como Teodoro Petkoff, y una amplia gama de intelectuales orgánicos de la derecha y otros con ropaje progresista. Ellos participaron en una, dos o varias de las siguientes acciones: estuvieron en las movilizaciones, defendieron la salida inconstitucional en escritos públicos y/o declaraciones, aportaron dinero, o conspiraron en cuarteles y otros predios. Un pequeño grupo diseñó el plan general, y un núcleo duro más reducido lo aplicó según sus intereses particulares (Carmona, Pérez Recao, algunos altos oficiales).
Pero insisto: Todos por igual actuaron como cómplices del golpe, y la mejor prueba fueron las declaraciones de políticos, los remitidos a la prensa de gremios empresariales y asociaciones de la mal llamada “sociedad civil”, y los editoriales y artículos firmados que se publicaron los días 12 y 13 de abril: Desde el “Chao Hugo” de Petkoff, el 12 de abril en su diario Tal Cual, hasta el editorial de El Nacional del 13 de abril. Después, cuando el cielo se nubló con la derrota, trataron de desmarcarse y preservar sus fuerzas para nuevos intentos.
Algo muy sintomático: los cientos de miles de personas que participaron entusiastas en la marcha del 11 de abril, sin excepción se quedaron en sus casas y ninguno de sus dirigentes tuvo el coraje de convocarlos cuando ocurrió el despliegue popular y militar contra el golpe. Las rotundas verdades, que a pesar de la censura también en el Este de Caracas se iban conociendo, deprimieron y paralizaron a quienes horas antes habían marchado resueltos a asaltar Miraflores. Amanecieron felices el 12, pero esa misma noche y sobre todo el 13 comenzaron a preocuparse, y en muchos surgieron preguntas relacionadas con las manipulaciones de que fueron víctimas. El 13 desde la tarde la inquietud derivó en angustia por el inminente fracaso, y amanecieron el 14 frustrados y perplejos.
Los sectores reaccionarios de la clase media venezolana mostraron así sus debilidades: decididos cuando se creen vencedores, timoratos en momentos en que se sienten en desventaja. Incluso sus integrantes fascistas, como los que agredieron a la Embajada de Cuba el día 12 -con la complicidad tácita del entonces alcalde Capriles Radonski-, cuando supieron en la mañana del 13 que la situación había cambiado a favor de la revolución, huyeron despavoridos.
El golpe de abril, como otras estrepitosas derrotas en la historia humana, quedó sin fuerzas de sostén ni defensores. Kennedy habría dicho que el golpe terminó “huérfano”. En clave chavista: “escuálido”. Y hay que revisar la historia de América Latina y el Caribe en los últimos cien años, plagada de golpes de Estado. ¿Cuántos fracasaron? Alguien hará el análisis. Parece claro que el desenlace en Venezuela tiene que ver no tanto con el diseño o la implementación del golpe: sus causas profundas se relacionan con la existencia de una singular revolución popular y armada, y un líder excepcional.
8. Es conveniente detenernos en la complexión ideológica de los que condujeron el golpe hasta el final e integraron el gobierno de facto. En primer lugar el sector empresarial, en la persona de su máximo representante corporativo; los principales jerarcas de la iglesia católica; y en tercer término un pequeño grupo de generales reaccionarios. Ellos son los que definen la composición del llamado gobierno de transición, en el que incluyen también miembros del Opus Dei. Coincido con Rodolfo Sanz: “Esta trilogía, Opus Dei, tecnocracia empresarial petrolera, militarismo y paramilitarismo, se convirtió en el núcleo hegemónico del golpismo en la etapa de Abril”.
Todos sus pasos en el breve plazo en que pudieron tomar decisiones, los muestran en cuerpo y alma: se orientan hacia la plena restauración de la IV República, con acciones de corte fascista, incluidas las represiones en forma de razzia contra dirigentes del proceso bolivariano, el pueblo chavista y un símbolo muy odiado por ellos: la Embajada de Cuba. Entre el 12 y el 13 fueron asesinadas más de setenta personas y perseguidas y encarceladas varios cientos. ¿Qué hubiera sucedido en una semana, un mes, un año¼ ?
9. Otra pregunta indispensable: ¿Cuáles fueron las principales consecuencias del golpe?
La primera gran derrota que sufrió el bloque oligárquico-imperialista en Venezuela a partir del 2 de febrero de 1999, fue la aprobación de la Constitución Bolivariana. Y la segunda, el fracaso del golpe de Abril del 2002. Después vendrían otras y con seguridad quedan algunas por ocurrir.
Los hechos de Abril mostraron sin disfraces a los enemigos de la Revolución. En esos breves días, el pueblo civil y uniformado de orientación bolivariana entendió mejor los alcances de la Carta Magna y del proyecto de cambios encabezado por Chávez. La conciencia política del pueblo y de los militares, se hizo más clara y los compromisos con el proyecto revolucionario se fortalecieron. El protagonismo de las masas se consagró, y mostró en su esplendor que era decisivo, al igual que la alianza cívico-militar tan promovida por Chávez como factor estratégico clave de la Revolución Bolivariana.
El golpe representó una oportunidad para depurar las filas castrenses de los elementos golpistas y retrógrados. También reveló nuevas traiciones en el ámbito civil, y pasaron al campo enemigo caballos de Troya que hacían mucho daño dentro del proceso.
La oposición quedó dislocada temporalmente, surgieron en sus filas nuevos motivos de división y los medios de comunicación privados sufrieron un porrazo a su credibilidad. No obstante, la traición de Luis Miquilena posibilitó que los adversarios controlaran la mayoría del Tribunal Supremo, al igual que ocurría con buena parte de los tribunales y la fiscalía en instancias inferiores, pero decisivas. Ello permitió que el Tribunal avalara el concepto de que no hubo golpe sino “un vacío de poder” y que muchos de los responsables no pudieran encausarse, mientras otros huyeron al exterior, en primer lugar Carmona y Pérez Recao, y varios de los altos oficiales más comprometidos.
No hay palabras más elocuentes para explicar esta situación que las expresadas por Roy Chaderton Matos, nombrado canciller de Venezuela poco después del golpe: “Ocurre que en nuestra tierra mágica tuvimos un Presidente secuestrado sin captores, encarcelado sin carceleros, unas autoridades auto juramentadas sin usurpadores, parlamentarios, gobernadores y alcaldes atrapados y aporreados sin linchadores; es decir, responsabilidades sin responsables, asaltos sin asaltantes y violaciones sin violadores. ¿Cómo entonces sorprendernos invirtiendo la lógica de esa secuencia, al encontrar a jueces sin justicia? No hay responsables. No hay responsabilidades. Solo fantasmas en la enfebrecida fantasía garcíamarquiana”.
Por su parte los Círculos Bolivarianos, criminalizados por los fascistas, elevaron su prestigio y se multiplicaron en casi todo el país. Dirigentes sindicales críticos a la mafia de la CTV, aceleraron iniciativas para construir una fuerza gremial autónoma y a la vez comprometida con el proceso de cambios. Dentro de PDVSA, aunque regresaron casi todos los gerentes golpistas, se fortalecieron las posiciones de los obreros y funcionarios patriotas, que sabían sería inevitable un nuevo enfrentamiento con aquellos.
Otra enseñanza del golpe fue el importante papel que cumpliera la comunicación alternativa popular: por ejemplo, Catia TV en el Oeste de Caracas; el uso de la mensajería de textos celulares y otras variantes de transmisión de informaciones, ideas y consignas, que convirtieran a Venezuela después en el país suramericano con mayor número de televisoras, radios y periódicos alternativos. Estos existen para promover -con óptica crítica- la obra revolucionaria y también constituyen una red que, gracias a aquella experiencia, está en mejores condiciones de defenderla ante cualquier eventualidad similar a la de Abril.
Los partidos de la alianza bolivariana hicieron sanas críticas sobre la carencia de un plan para enfrentar el plan golpista y acrecentaron los niveles de articulación, para hacer más eficiente el respaldo al gobierno y al Presidente. Tal vez la mejor síntesis de las lecciones que dejara el golpe a los dirigentes bolivarianos, la formulara Chávez cuando afirmó que en esos días había perdido “la virginidad”.
Dentro de las fuerzas armadas, el Presidente en su carácter de Comandante en Jefe implementó un sistema autónomo de comunicaciones directas suyas con los mandos de batallones y otras unidades operacionales, que le garantizaran el contacto en condiciones normales y excepcionales.
El impacto internacional del golpe tuvo un balance muy favorable para el gobierno y la Revolución. Prevaleció el rechazo a cualquier intento de golpe de Estado en Venezuela u otro país de la región. Muchos analistas en el mundo, incluso en Estados Unidos, culparon al gobierno de Bush de promover el hecho, y cuando menos de haber reconocido a Carmona. Ello colocó a Estados Unidos en una posición defensiva.
Por su parte la izquierda y determinadas fuerzas progresistas latinoamericanas -que tenían reservas y prejuicios con Chávez por su origen militar y sus novedosas ideas de cambio- comprendieron de una vez que en Venezuela sí había un proceso revolucionario, y además necesitado de solidaridad.
10. Un último comentario. Nunca olvidemos las lecciones del golpe de Estado de Abril del 2002 en Venezuela y la odisea que protagonizaran los auténticos demócratas y patriotas de esa hermana nación. “Nunca olvidemos”, dije. Sí, en primera persona del plural: venezolanos y venezolanas, y los demás pueblos de Nuestra América.
No soslayar jamás quiénes fueron los autores y participantes de la asonada, más allá de sus disputas y constricciones parciales y oportunistas.
No omitir nunca hasta dónde fueron capaces de llegar, para derrotar el sueño bolivariano.
No dejarse engañar por nuevas falacias de esos sujetos -u otros iguales o semejantes que puedan surgir-, sean ellas burdas o revestidas de atractivos encajes.
Saber descubrir las intenciones ocultas detrás de los cambiantes disfraces que utilizan tales personajes o entes que los portan, digamos una demagógica campaña electoral que busque por esa vía similares propósitos a los del golpe del 11 de Abril.
Y recordar siempre que la aparente unidad de la oposición se hizo añicos en pocas horas, cuando imperaron las ambiciones económicas y de control del poder entre unos y otros dirigentes y sectores que la integran. De tal modo: ¿Podrían garantizar ellos, con sus mezquinos intereses en pugna, la estabilidad, la paz social y más aún, los formidables logros de la revolución?
Los prepotentes del Norte y sus cómplices vernáculos, no debieran olvidar a su vez el rotundo adagio de los vencedores en Abril: todo 11 tiene su 13. Esto es: objetivos claros, movilización popular, unidad cívico-militar, combatividad, organización, patriotismo, confianza en el líder, optimismo y estar dispuesto a entregar hasta la vida en defensa de las conquistas e ideales de la Revolución Bolivariana.
(Tomado del diario Granma)